domingo, 19 de diciembre de 2010

LOS SECRETOS DE LA SIRENA


Erase una vez una niña muy bonita llamada Anís, le gustaba mucho ir al mar. El padre de la niña era bibliotecario y una de las cosas que le gustaba a la niña era leer libros. Un día Anís se fijó en un libro, seguramente muy viejo, viejísimo, porque estaba amarillo, casi café y hasta los bordes comidos por los comejenes. Ese libro se titulaba los secretos de la sirena.

Anís abrió el libro y comenzó a leer la página dos. Allí decía que en un viejo caserón en las afueras de la ciudad había un brujo que explicaba ¿Cómo hacer para volverse sirena? Y ¿Cómo hacer para llegar al centro del mar?. Corrió a casa de su querida madre y le contó que había encontrado lo que quería. La madre le preguntó de qué se trataba:
- Mami aquí en la afueras de la ciudad hay un brujo que dice qué se debe hacer para volverse sirena.

La madre muy asustada y con llanto en sus ojos la abrazó y le dijo:
-Hija de mi corazón ¿Cómo Piensas en esas cosas? , yo quiero para ti lo mejor del mundo, que cuando tengas la edad para casarte, tengas un hogar feliz, me des muchos nietos, seas feliz con tu esposo y no andes por los mares siempre mojada y sin poderte visitar. La niña se retiró a su alcoba y le pedía a Dios:
-Dios mío tú eres el único que sabe lo que me conviene, guíame por el camino correcto. Luego al regresar y buscar de nuevo a su madre, Anís la encontró hablando con un hada y la niña preguntó:
-Madre quién es ella?
-Ella es un hada que te va ayudar para que logres lo más pronto posible ser una sirena. De esta manera, le mentía a su hija para que dejara las ideas del brujo.

La madre le pedía a Dios todos los días que el hada le quitara los poderes al brujo y no siguiera embrujando a su querida hija, que era lo que más quería en la vida. Fué entonces cuando el hada se hizo amiga de Anís y la aconsejó para que estudiara y se hiciera una profesional para que su madre se sintiera alegre y orgullosa de tener una hija obediente. La niña siguió los consejos del hada y le dijo a su madre:
-Mamita para que te sientas contenta de mi persona estudiaré en la universidad como tú quieres.
-Bueno mi niña. Te daré el estudio que tú me pidas. Anís estudió en CECAR, donde conoció a Luís, un abogado que se enamoro de ella y ella de él; a los dos años de conocerse contrajeron matrimonio en la iglesia Cristo Rey en la ciudad de Sincelejo. Su madre se muy feliz y dijo:
-¡Gracias Dios mío! Eres tan bello, eres el único que soluciones nuestros problemas.
Fue así como Anís se fue con su esposo y su madre a vivir juntos y fueron muy felices para siembre. Colorín colorado este cuento se ha acabado.

Autora:
Carime Puentes Padilla

sábado, 4 de diciembre de 2010

APRENDIENDO CON LOS OJOS DEL ALMA

Dios se tardó tanto
Haciéndome los ojos del alma
Que se olvidó de los de mi cuerpo”
Leandro Díaz
(Compositor vallenato, Ciego de nacimiento)



Hoy, estas palabras del insigne compositor renacen haciendo eco en la vida de JORGE MIGUEL, quien día a día dejó de contemplar la magia del creador por su disminución visual, la cual no ha sido óbice para que avance con el desarrollo de su aprendizaje.

Jorge, singular estudiante de la Institución Educativa Cristóbal Colon de Morroa en el departamento de Sucre, propició una promoción anticipada por vez primera en este plantel, porque sus potencialidades y habilidades académicas han hecho de él un estudiante excepcional.

Su llegada al bachillerato, hace dos años no fue fácil, los docentes se sintieron inquietos porque parecía complicada la inclusión de Jorge al aula. Por un lado, jamás habían orientado un proceso a un estudiante con esta discapacidad y por otro desconocían la escritura y lectura braille; sin embargo, el tiempo, las pocas herramientas pedagógicas y la sagacidad del discípulo le fueron abriendo el camino apropiado, actualmente los docentes que le han dado clase experimentan en ser verdaderos maestros en la tolerancia, el respeto y la diferencia.

Con esta significativa experiencia de vida se ha demostrado que no se puede desligar el proceso de enseñanza – aprendizaje con la voluntad y actitud del docente, comprendiendo a su vez que las transformaciones se dan de acuerdo a la capacidad de adaptación y acomodación del individuo a nuestra exigente sociedad, propiciando excelente desarrollo humano en el proceso educativo.

Jorge Miguel Mendoza González, del grado 8°2, está aprendiendo con los ojos del alma y así mismo lo observan sus compañeros, sus docentes y la comunidad en general, trasformando su vida con la audición y cognición y con su irresistible deseo de avanzar.



MARÍA ELENA BUELVAS PEREZ
Profesional de Apoyo de la I.E. Cristóbal Colón

domingo, 28 de noviembre de 2010

OMACHA Y BUFEO LLEGAN A LA I.E. CRISTÓBAL COLÓN DE MORROA

Omacha y Bufeo son dos delfines, símbolos de un proyecto que invita a cuidar el agua, los recursos hídricos y el medio ambiente en general que son vitales para nuestra subsistencia.

Este 23 de noviembre Bufeo y Amacha hicieron su arribo a Morroa con un desfile azul, entre globos, pancartas, música de banda, teatro y canciones románticas, gracias al esfuerzo del docente Julio López, quien lideró este compromiso ambientalista que cuenta con el apoyo del programa Ondas de Colciencias.

El Programa Ondas es la estrategia fundamental de Colciencias orientada a la apropiación de la ciencia y la tecnología en la población infantil y juvenil, encaminada a conquistar el interés por la investigación, la ciencia y la tecnología.

Pongamos nuestro granito de arena no contaminando el agua ni desperdiciándola. Cuidemos el planeta, es tarea de todos.

Gloria Hoyos Cortínez

viernes, 5 de noviembre de 2010

CUENTO “EL SEÑOR DE LOS CALDEROS”

No quiero recordar aquel día cuando la señora del tercer piso me llamó:”señor, venga acá”. El sol ya estaba inclinado hacia el ocaso y el sudor me chorreaba por los codos. El llamado fue como una bendición de DIOS: se me espantaron el hambre y la preocupación que tenía. Sólo esperanzado en la venta de uno de los cuatro calderos que reposaban sobre mi espalda, para poder comprarle cuatro cuadernos a mi hija.

Vi la escalera y Salí a buscarla. Subí los peldaños del primer piso e intenté descansar, pero el optimismo le ganó al cansancio en esta oportunidad. No había una sola alma. Era un edificio abandonado que me hizo evocar el castillo de Boca Chica en Cartagena de Indias. Las plantas parásitas, colgadas como barbas, en las paredes de lo que pudo ser un parqueadero interno, vi desde el marco donde en épocas remotas debió lucir una ventana colonial.

Al llegar al segundo piso, todo cambió: un niño de escasos cuatro años, jugaba con un muñeco del cual pude apreciar el tronco y la cabeza sin ojos ni boca. “Pobrecito, se merece uno mejor,” pensé sin detallar más ese lugar para seguir a la recta final.

El piso desgastado había perdido el color de las baldosas, por el paso de un tiempo que no pude calcular. Desnudito, con legañas en los ojos, sentado en una bacinilla, lloraba un niño. Quise devolverme pero ya había llegado. “De pronto no es el hijo de la señora que me va a hacer la compra”, me dije en tono optimista.

Una ventana sin vidrios dio paso a una suave brisa. “Qué alivio”.
-Adelante, señor - me dijo una dulce voz que se coló por debajo de la puerta antes de abrirse. Coloqué la mercancía en la supuesta sala de espera. Ella no salió. Desde la puerta prosiguió: -siga, siga - al tiempo que detallaba posiblemente mi estatura de hombre fuerte con mi débil apariencia. Era morena, de baja estatura, cabello negro. Lucía una bata seductora que dibujaba los pezones de sus senos. No tuve la intención de observar la alcoba pero con el rabito del ojo, vi una cama de un solo cuerpo, una cuna, una mesa para niños.
-Aquí está su trabajo - me manifestó - quítese la camisa-. Lo juro por Dios, que no quise pensar en algo raro. “Tal vez es un objeto pesado y no quiere que sude la camisa”, pero recordé que la tenía sudada.
- Colóquela sobre la mesa - continuó.

No sé qué me sucedió, pero lleno de nervios, alcancé a decirle:- haga conmigo lo que quiera. Ella, sin inmutarse, dio la nueva orden:- quítese los zapatos y el pantalón.
“Si ya me vio medio cuerpo y desea algo conmigo, tampoco le voy a decir que no”, fue la ocurrencia de aquel momento. Una vez quedé en interiores, me entró un escalofrió. “¿Qué irá a hacer conmigo? En esa cama no cabemos los dos“.
Quietecito, delante de la cama y la mesa, únicos testigos de lo que pudiera ocurrir, esperaba. De repente, gritó:- Pipe, venga, por favor.
-Voy, mami.
Era el niño de las legañas. Ella, sin dejarlo tomar aire, tocando mis costillas, le dijo con tono amenazante:- si no comes, te vas a poner así como el señor, oíste.



Autor: José Angel Mario Iriarte
Docente I.E. Carmelo Percy Vergara

lunes, 1 de noviembre de 2010

CHISTE: LLAMADA TELEFÓNICA



Dibujo realizado por Brandon Rivera López